lunes, 1 de octubre de 2007

El agua del millón de dólares

He vuelto a escribir luego de viaje a Bariloche, tras las huellas de la inocente e ignorante creencia de Nahuelito... es que desde que escribí la entrada anterior, quise saber algo más de nuestro monstruito criollo. Bueno, pero la verdad es que tuve mis vacaciones pagadas por la Universidad Nacional Antibolazo, jajaja!

Retomando el hilo de defraudulización, quiero hoy exponer un tema recurrente, simple de entender, y sobre todo y lamentablemente, muy difundido. Se trata de una pseudociencia.

Primer punto, desarrollemos qué significa el término pseudociencia.

Éste se refiere a aquellas prácticas, creencias o tradiciones que se basan en dogmas, es decir, que no admiten una contraprueba u objeción a sus principios o fundamentos; adolecen del método científico como herramienta o medio de validación; sus teorías no están fundadas en comprobaciones empíricas, ya que por lo general, la experimentación fehaciente contradice en forma exacta y precisa los resultados de la pseudociencia; utilizan lenguaje científico, pero con significado enajenado; utilizan recursos sobrenaturales o “misteriosos” que la investigación científica rechaza (por su inaccesibilidad), como los conceptos de fuerza vital, inconsciente; energía negativa, etc.; no plantea la búsqueda de leyes universales o generales; no admiten modificaciones, pues al carecer de base comprobable, los avances del conocimiento y la tecnología no le afectan; recurren a conspiraciones o acusan persecución cuando son criticadas y refutadas; no mantienen conexión con otros conocimientos, disciplinas, ciencias o estudios; se escapan de la regla lógica de parsimonia, donde “la explicación más sencilla es probablemente la correcta”; generan un halo de misterio y mérito del pseudocientífico; y finalmente, pretenden y hasta requieren ser reconocidas científicamente, pero con la condición de no demostrar sus bases a la luz de los conocimientos ya establecidos y acreditados, pues su interés es tener representación científica ante la sociedad.

Bien, creo que ha quedado claro, no? Con estas líneas, usted puede sentarse en el living de su casa a buscar cuántas pseudociencias conoce durante un fin de semana con lluvia que ha interrumpido su salida programada, o mientras espera ser atendido en alguna dependencia pública... pero para ahorrarle tiempo y arruinarle su diversión, empiezo yo. Empiezo con una bien conocida: la Homeopatía.

Es una forma de medicina alternativa, que se fundamenta en la administración de sustancias que no poseen componentes activos. Fue Samuel Hahnemann quien desarrolló esta “teotontería”, y la publicó cerca del año 1796, época en la que aún no había nacido la medicina moderna, y los métodos más comunes de cura utilizaban sangrías (que dejaban al paciente muy cerca de la muerte) y remedios a base de sales de mercurio (que terminaban con una intoxicación letal). Es en este contexto histórico que surge la homeopatía (razonemos más adelante con esto en mente).
El bolazo homeopático sostiene el principio de que “lo similar se cura con lo similar” (similia similibus curantur), explicando que una enfermedad que manifiesta síntomas a partir de una toxina en una persona “sana” se puede curar con la misma sustancia tóxica... qué tal?

El doctor Cureta se puede aferrar a este bolazo y volverse millonario atendiendo con
ésto al PAMI...
ah, perdón... el doctor Crescenti lo cagó, ya se le adelantó...


Pero eso no es todo! Hay más hierbas para fumar.
La enfermedad, según la homeopatía, es producida por una alteración espiritual (por eso se presentan en la sintomatología signos emocionales, que llevan a trastornos mentales, de conducta y finalmente, somáticos). No hay presencia física de un factor que provoque la enfermedad, sino que hay un desequilibrio en la armonía con la “fuerza vital”. En realidad, estos delirios tienen su origen en el hecho de que aún se desconocían las toxinas y los microorganismos, y eso impedía asegurar la procedencia de la enfermedad. De todas formas, siguen sosteniendo eso de la “fuerza vital”.


Los remedios

En homeopatía hay una lista catalogada de síntomas con su vinculación a diferentes sustancias, elaborado a partir de ensayos y comprobaciones experimentales. Esto, en realidad, consiste en ingerir el brebaje y describir las sensaciones que manifiesta el investigador. Así se detecta el remedio más apto para la enfermedad que usted quiera...
Lo más curioso es el mecanismo de preparación de éstos: es lo que se conoce como... (chan chan... suenan tambores, bombos y platillos, trompetas, flautas y clarines)... dinamización.
En qué consiste? En una secuencia diluciones acompañadas con agitación, pues el solvente utilizado (agua destilada) posee una capacidad de absorción del poder espiritual de la sustancia, empleando factores de dilución de 1:10 (D) y 1:100 (C) en cada etapa de dilución. La “concentración” (potencia) depende de la gravedad de la enfermedad, pero comenzando con diluciones de 12 C hasta dosis de 30 C. A esas instancias de dilución es imposible (IMPOSIBLE) encontrar prácticamente una sola (UNA SOLA) molécula de sustancia. No, no busque objeciones, lea de nuevo y repita conmigo, que a esto me dedico: “a esas instancias de dilución es imposible (IMPOSIBLE) encontrar prácticamente una sola (UNA SOLA) molécula de sustancia”. Muy bien. Química: aprobado.

En la actualidad, no hay organización científica o médica que acepte sus fundamentos, ni teóricos ni prácticos, pero esto no impide que goce de una popularidad muy extendida.
La realidad, es que confiar en esta pseudociencia es como cederle el volante en una carrera de autos a un mandril ciego y desabrocharse el cinturón de seguridad mientras le pico con un palo en la nariz... quienes rechazan la medicina convencional y prefieren esta son necios y con poco amor por la vida, pero en la desesperación, todos caen en la estupidez; el costo es la vida.
Ha quedado demostrado por medio de estudios que el beneficio de la homeopatía es indistinguible del efecto placebo, pero aún así, siguen dando batalla. La ventaja que presenta el homeópata es que se presente como un profesional más accesible, que escucha todo el verso que el enfermo le cuenta, y finalmente, por un buen fajo, promete la cura con agua destilada. Vamos, a quién no le gustaría convalecer y que el médico disponga de un buen rato para contarle nuestras penas, esas que ni nuestro parientes cercanos desean oír...

Dada la incapacidad para demostrar la certeza de la homeopatía, James Randi, un escéptico (maldito seas, James Randi) ha ofrecido un millón de dólares como premio a cualquier persona que demuestre la existencia de un ente espiritual o sobrenatural que produzca efecto biológico alguno... el dinero sigue esperando.